Andrómeda
sábado, 20 de octubre de 2012
La cena se daba de forma natural. El habitual sonido de los cuchillos y platos. El chocar de copas en celebracion. El rumor en momentos interrumpido por algun pedido o algun comentario alguna risa. La familia reunida como siempre un sabado de tarde noche. El ir y venir de platos y cacerolas. El descorche anhelado de una botella de vino.
El señor Vega esta complacido de ver a su familia reunida y comia con la mayor tranquilidad y placer. La cena estaba estupenda. El señor vega se deleitaba en cortar su carne de res en termino medio y mientras lo hacia conversaba sin reparo con su suegra que lo miraba con alegria a traves de la copa color rubi. Los niños comian juntos y vivamente recordaban su aventura entre carreras y juegos en el jardin.
El señor Vega estaba feliz y anticipaba un buen postre en celebracion de tan magnifica cena. Pero de pronto algo le pertubo. Un estertor pasajero en la parte baja de su abdomen. Seria la carne? Un cierto sudor lijero le cubrio la frente. Ya no se sentia bien. De pronto el ruido normal de la cena le parecia ensordecedor. La luces demasiado intensas. Los olores demasiado pesados. Sus pies se sentian como dentro de un frio riachuelo mientras que su pecho estaba en fuego. La respiracion era dificultosa y lacerante. Un mareo profundo le vino y las fuerzas lo abandoran completamente y se dio cuenta con horror que vomitaria sobre la mesa.
En un breve instante el señor Vega volvio en si. La sala era ahora invadida por un ruido alarmante de gritos y carreras con sillas cayendo por todas partes que lo afecto al maximo. Cuando pudo ponerse de pie y enfocar de nuevo la realidad vio con estupor que sobre la mesa habia un serpiente grande.
sábado, 13 de octubre de 2012
fuegos fatos, furtivas figuras
siluestas sombrias surgen sigilosamente segundo a segundo
falacias en fuga de mi mente macabra mecen mi fragil ser...
fatal frialdad, ficcion frenetica
seres siniestros salen sorpresivamente sin deternerse solo
penetran los poros de mi pobre piel y prisioneros son por siempre
de la neblina que forma mi cuerpo.
El ocaso de otros dias llega a mi como una flecha oxidada que se clava en mi ser hasta el fondo
los horas son los granos de arena que se juntas y remuelen en las olas incesantes del dolor de lo perdido...
y con los paso mi cuerpo se pudre de dolor,
con cada respiracion los sueños en fantasias se queman al sol.
Al despertar inicia la agonia de un nuevo dia
el comer se acerca la muerte un poco mas,
los gotas de lluvian anuncian infinitas que no existe un final brillante
no hay un hermosa cascada de oro
no hay una veta de dulce plata
la carrera eterna en espejismos que se rien furiosamente de mi....
Hoy a las diez--
Bañese rapido para irnos--
Esta bien mami--Le dije.
Desde la casa vi mucha gente caminando hacia la iglesia. Esa sensacion horrible de ponerse ropa de domingo me invadio por completo.
Deliberadamente me retrase esperando que la misa comenzara. Llegue tarde cuando ya habia terminado la misa y la gente salia.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Y poco a poco las cosas nos poseen cada vez más, seguimos a los lideres cada vez más. Entramos en la esclavitud mental para siempre. Vivimos presa de recuerdos terribles y añoranzas deprimentes del pasado o pensando en un futuro glorioso que nunca llega. Suspirando y llorando, corriendo tal vez sin parar jamás , nunca vivir el presente. Tomar una pastilla de adrenalina para vivir, una inyección de consumismo para dormir en paz unas horas. Una dosis de anestesia para escapar de la vida que no podemos vivir.
Pero con nuestra propia mano podemos girar la dirección y parar para pensar que hacemos con la vida. Solo este momento para vivir, ya no hay más momentos futuros de espejismo, ya no hay más reflejos engañosos en la plasticidad del pasado ya no hay más que buscar, un alto en la carrera y ser libres comenzando con la mente.
Hay que parar ya, en este momento, ya en esta respiración y recuperarnos de la locura de la gran mentira que nos tragamos con facilidad. Porque este momento es invaluable y porque un dia yo no estaremos aquí para llorar y preocuparnos sin necesidad.
viernes, 22 de octubre de 2010
CASA BLANCA
El sol estaba por salir cuando Ismael divisó los surcos del sembradío a lo lejos. Paso a paso se fue acercando a la enorme casa blanca. Le gustaba ver los cinco hermosos cipreses que dibujaban una larga línea verde. Se mecían con el viento de la mañana. El camino era blanco también y las dunas que se amontonaban interminables tenían ese matiz gris cambiante. Ahora las arenas del desierto se sentían frías y tiernas bajo sus pies. En unas cuantas horas arderían con el sol implacable del desierto de Almurra-albar.
Era mágico llegar a este oasis. Ismael se reía y se sentía extraño siempre que llegaba a este oasis. Le parecía que esta pequeña isla era casi un milagro en este mar de arena. De repente algo le asusto y lo saco de su ensueño: una serpiente rápidamente se deslizó por la arena y se perdió entre los sembradíos de Omar Khaluf.
Omar era su suegro. Un hombre viejo y sabio que aunque severo, sabía dar cariño a todos los que estaban cerca de él. Ismael se había casado con su hija Rama hacia ocho años. Era una hermosa mujer, ojos negros llenos de luz y un corazón amable. Ismael se sintió con suerte al recordar a Rama. También sintió un recelo en su estómago, ella se encontraba lejos, a cuatro días de camino, en su casa. La casa que había sido de los padres de Ismael y que ahora habitaban, no tenían una familia numerosa. Dos hijos varones y una niña de un año. Ismael sintió una brisa tibia en su pecho al recordar a sus pequeños. El amor brotaba de él como un manantial limpio y fresco que nace bajo una roca y unas palmeras donde nadie lo esperaba. Así era su amor que salía como la luz de la luna llena sale de repente y lo llena todo con su aura de magia y misterio.
Ismael siguió caminando, a pesar de que estaba muy cansado debía hablar con su suegro. Tenía noticias importantes que realmente no comprendía del todo pero que debían se entregadas sin demora.